Antes de hablar de un vino de Toro conviene entender qué es exactamente la D.O. Toro: una de las denominaciones de origen más antiguas de Castilla, reconocida el 29 de mayo de 1987, aunque su tradición vitivinícola es mucho más antigua —hay documentos que sitúan aquí producción de vino desde la Edad Media—.
Dónde está y cuánto abarca
La zona protegida se extiende por unas 62.000 hectáreas entre Zamora y Valladolid, de las que unas 5.500 son viñedo registrado por el Consejo Regulador, trabajadas por cerca de 1.200 viticultores. La mayoría de los municipios están en la provincia de Zamora —empezando por el propio Toro, y siguiendo por localidades como Morales de Toro, Venialbo, Sanzoles o La Bóveda de Toro—, con unos pocos términos también en Valladolid, en el entorno de Villafranca del Duero.
Qué variedades autoriza
El reglamento reconoce como variedad tinta preferente la Tinta de Toro —la variante local de la Tempranillo que da nombre a la región— y como tinta autorizada la Garnacha. Entre las blancas, autoriza Verdejo y Malvasía, las dos variedades con las que elaboramos nuestro Latarce Verdejo y nuestro GiGi.
Qué hace especial a un vino de Toro
El clima continental extremo —veranos muy calurosos, inviernos fríos, poca lluvia— y una altitud media, entre 600 y 750 metros, obligan a la vid a esforzarse: raíces profundas, racimos pequeños y una concentración de color, fruta y grado alcohólico poco habituales. Los vinos de Toro suelen superar los 13 ° y tienen fama de ser de los tintos españoles con más cuerpo.
Si quieres profundizar en la variedad que le da nombre a la denominación, tenemos un artículo dedicado a Tinta de Toro vs Tempranillo, y si prefieres verlo con tus propios ojos, te esperamos en nuestras catas en la bodega.